Miedo. Ese sentimiento de oscuridad y terror. Esa sensación que te apaga, te consume y deja al descubierto todos tus temores. A veces, puede ir acompañado de lágrimas derramadas. Otras, de rabia contenida o rabia expresada.
Y yo tengo miedo. Miedo a todas horas, minutos y segundos que pasan. Miedo a perder a quienes me importan, miedo a perderme a mí misma, miedo a quedarme sola.
Tengo miedo a decir algo y poder molestar, tengo miedo de no hablar o hacerlo demasiado. Tengo miedo a no sentirme querida o saber qué es sentirse querida. Tengo miedo de cerrar los ojos y no volverlos a abrir. Miedo a expresarme y que huyan de mi lado. Miedo a darlo todo y a la vez de no dar lo suficiente. Miedo a que no sea recíproco, que no confíen en mí y yo darlo todo y más. Miedo de no ser lo suficientemente buena.
A veces puede ser peor castigo el que una misma se impone que aquél que pueden imponerte terceros.
Y el silencio, muchas veces, es a lo que más temor le tengo. Y muchas veces también, es aquello que más recibo.
Hay momentos necesarios, pero en otros necesitas la palabra, el contacto y no la soledad y el no hablar.
