Imbécil.

Soy imbécil, el tipo de persona tan sumamente gilipollas que hace que todo lo bonito, precioso y maravilloso del mundo se convierta en mera basura. 
El esfuerzo no sirve para nada, el intentar sorprender, menos. Al fin y al cabo, no sirvo para nada.

Dicen que llorar es para débiles, y lo debo de ser, porque no paro de hacerlo. Mis lágrimas cada día tienen más vida propia, y se derraman una detrás de otra.
Nadie me dijo que serviría para algo, que debía solucionar mis propios problemas yo sola, y por mucho que lo haga, la cago. Lo hago tan mal, que dejo de lado una parte de mis sentimientos y se estrellan siendo ira, un enfado que me hace ser más niña, como cuando tienen una rabieta, pero no me doy cuenta que las palabras hieren demasiado, y eso lo destroza todo.
Vivo con el temor de perder lo que quiero y a quien quiero, pero me doy cuenta que siendo como soy, todos acaban desapareciendo y lo hacen por mi culpa, por ser como soy, por todo lo que hago o digo, por no callarme y ser una bocazas, pero si que sé que hay momentos que no me queda otra cosa que hacer, que llorar y desahogarme sola, junto mi osito de peluche abrazada y esparciendo cada sentimiento en la almohada.

Corto pero intenso.

Miedo, frío, no puedo respirar, se me ha parado el corazón. 
La ilusión, el cariño, el sentir, los sentidos y los sentimientos han desaparecido, se han desvanecido.
Estoy en ese momento de mi vida en el que pienso si he hecho lo correcto, si hago las cosas bien o mal, si la culpa no es mía o soy simplemente un desastre. El ser como soy es como es, los demás de otra forma son y no pueden cambiar así como así, o sí. 
Tengo la espinita de que algo acecha, pero no sé el qué. Tengo ese miedo, esa angustia de que las cosas no van bien, que a veces todo es una simple fachada, y de eso temo. 
Quiero huir del daño, de la tristeza, del llanto y el derrumbamientos, no quiero caer pero un día lo haré. Tarde o temprano pasará. 
Tengo dudas, así es, la mente y el corazón no están conectados como esperaba y me están pasando una mala jugada. ¿Quién me iba a decir que escribiría a altas horas de la noche? ¿Que los temores son mi peor pesadilla, y que el tiempo no curaba lo que yo pretendía?

Odio el dolor, suficiente he pasado ya, como que para que m lo haga pasar alguien que hace que me sienta tan especial.

Nanit, a la cama otra vez.

De todo un poco.

La vida es demasiado injusta, a unos les da más y a otros nos da menos. 

Nunca he encajado en ningún lado, y pienso que jamás lo haré. Miro a mi familia y siempre han tenido algo especial que les hacía tener personas a su lado, pero mirándome me doy cuenta de que no. Hasta la pequeña de mi familia es aquello que quise ser y nunca pude. Sabéis lo que es tener un grupo de amigos, verdad? Yo no. La miro, me miro y veo dos mundos, o encajas o te excluyen y a mi me metieron en el segundo saco. La belleza influye mucho y yo nunca he sido muy agraciada, por mucho que me intente convencer, no. 
Empiezo a aprender que no tengo a nadie, alguien a mi lado de tal manera como han tenido el resto de mi familia, soy la solitaria. Todos tienen grupitos, excepto yo. ¿Qué he hecho mal en éste mundo para merecerlo? ¿Por qué no tengo a alguien que le importe que no sea por conveniéncia? 
Es más, hago ésto por mi, no por nadie más. Nadie lee, a nadie le interesa. ¿A quién le va a interesar una chica con la autoestima baja? No doy la talla. 
Tengo más imperfecciones que perfecciones, más defectos que virtudes y más poca que mucha estima. 

Autoestima baja, yo? Fua. 

Entrando en mi familia, soy la fea. Fea y bicho raro, de pequeña muy mona y graciosa pero ahora lo he perdido todo.
No sé que ve la gente en mi, que no sean mis ojos. La demás tienen unos cuerpazos, unos tipazos qué muchos dirían OFUF. Conmigo, como mucho, OUCH. Soy más criticada que halagada y acomplejada, ya ni te cuento.

Y ésto es todo por hoy, amigos.