La vida es tan jodidamente asquerosa que nos arrebata aquello que más deseamos.
Quisiera explicar tantas cosas, desahogarme tan profundamente que no me queda nada. Todas mis lágrimas derramadas, todos esos momentos que se pierden poco a poco y sólo quedan en el recuerdo.
Te quitan lo que quieres, o se quitan ellos mismos. Se van, desvanecen y te vuelven a dejar sola. Como si se olvidasen de ti, y puede que en un futuro se olviden, pero tú de ellos no. Y lo sabes.
Los recuerdos permanecen y aparecen cuando menos te lo esperas. Vuelves atrás y recuerdas cada instante, cada momento, minuto, segundo... Cuando creías que permanecería para siempre, pero la realidad es que NO. Jamás sabes cuando desaparecerá y eso te inquieta, te enerva y no te hace peor persona.
Lo que tienes es miedo, pánico. Imaginar, pensar o saber que pierdes a alguien, a una persona por la cual lo darías todo, siendo o no familiar, es una persona que te llena. Quien quiera que sea, sabes que tiene gran importancia en ti y te dejará un vacío, un hueco que tardará en llenarse o puede ser que jamás vuelva a llenarse. A veces es mejor, porque te das cuenta de la vida, de lo que duele y puede hacer en ti. Hacerte daño.
La manera de poder disiparse es llorar, hacerse creer a uno mismo que le alivia, en algún momento se debe desahogar uno. Puede que se haga de diferente forma, concentrándose en algo e involucrarte en cualquier cosa, pero haciendo eso, se sabe que un día caerá. Por experiencia, me he encontrado la mayoría de los casos encerrada en mi habitación, llorando detrás de la puerta y haciendo fuerza para que nadie entrase, otras en la cama mientras todo el mundo duerme o en la ducha. Un lugar que me ha escuchado mucho ha sido una ventana, mi terraza secreta. Mi mundo.
Buenas noches. :3
No hay comentarios:
Publicar un comentario