SALID.

Gritos, ruidos y lloros. No soy yo, son mis vecinos, uno grita, se oyen diversos ruidos, otras veces lloros y perros que ladran sin cesar, conocedores de acontecimientos nada agradables.
Y aquí estoy, metida en la cama, con mi manta, escribiendo ésto, escuchado todo aquello. La vida de los demás dentro de la mía, sufro por ellos hasta oigo ronquidos que no son míos. Escucho golpes que no me conciernen, pero ahí están, viviendo en la vida de muchos otros que pueden estar riendo, comiendo o todo al contrario. 
Escucho tantas cosas con las que convivo, que forman parte de mí. Son aquello con lo que duermo, aquello que me acompaña por las noches, pero hay veces que no se soportan, me agotan y me acaban haciendo desaparecer para no escuchar todo lo que se dicen, se escupen y critican. 
Me duele hasta a mí y eso que no convivo con ellos, pero no me gusta nada lo que escucho. Es más, voy a dormir, es lo mejor que puedo hacer por aquí.

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